/ Gente, 25.03.2008 /
–¿Y vos qué es lo primero que mirás en una mujer?
Luciano: Detesto hablar de mi intimidad. Y te aviso que no respondo al estereotipo del macho argentino: no soy mujeriego y hace años que no me fijo en las medidas perfectas.
Carla: Te contesto yo: a Lu le gustan las mujeres inteligentes.
Luciano: Y a Carla los hombres inteligentes. Más que un cuerpo perfecto, que hoy se ven muchos, nos seduce una mente inteligente…
Carla: Bueno, che, aclaremos que existen hombres y mujeres con ambas virtudes. Pero sí, a la hora de elegir, prefiero que tengan dos dedos de cerebro. En realidad, me atraen los hombres que no dan problemas.
ELLA. Carla Peterson logró despegarse de “la mala simpática”, un rol para el que todos la llamaban. Nació en Córdoba hace 34 años y cuenta que descubrió su vocación a los cinco. Ya de chica estudió danza jazz, tap, canto y actuación. En su currículum dice que habla inglés, italiano y español neutro. Arrancó en la tele con Montaña rusa y no paró más: siguió con Naranja y media, Verano del 98, EnamorArte, Son amores, Pensionados, Amarte así, tuvo su papel en Mujeres asesinas y fue una de las revelaciones de Sos mi vida. Amante total de Shakespeare, llevó varias de sus obras a escena. De su vida personal se sabe que tiene un papá que fue instructor de aviación, que su mamá es abogada, que tiene tres hermanos y que también odia que se metan en su privacidad. Pese a eso, confía que tiene un novio francés que está radicado en la Argentina.
–Venías de tener un perfil muy bajo. ¿Cómo te trata la fama?
Carla: Me cuesta un poco. Intento seguir haciendo mi vida como siempre. Y no siento que la exposición tenga que ser parte de las reglas del juego.
Luciano: Yo no sé si soy buen actor, pero siento que logré cierto respeto. En la calle la gente se ubica. Me saludan tranquilos. Mi vida es la misma: mi hijo es el mayor éxito y si bien el laburo me apasiona y me divierte, mi familia es mucho más importante que todo eso. A esta edad no me marea la pantalla.
–Lalola les abrió las puertas al mercado internacional. ¿Se irían a trabajar afuera?
Carla: Yo sé que ahora se me abren muchas puertas. Primero me voy a tomar unas buenas vacaciones, y después pienso aprovechar todo lo que venga a nivel laboral. Adoro mi trabajo, y si me llaman de otro país, me la jugaría, desde ya.
Luciano: Nunca fantaseé con trabajar en Hollywood, por ejemplo. Por un tiempo, quizá… Pero mi única ambición es que me sigan contratando las productoras de acá.
–Dicen que todos tenemos una parte femenina y una masculina. ¿Es así?
Luciano: Yo baño a mi hijo, le doy de comer, lo visto, le juego, lo llevo, lo traigo, le hago upa, le leo cuentos y eso es paternal, no lo veo como algo femenino. ¿Mi lado femenino…? No sé, me gustan tanto las mujeres que quizá sea “lesbiano”.
Carla: Yo tuve que hacer el ejercicio de separar las cosas típicas del hombre y de la mujer para crear este personaje, y me resultó muy divertido. Luciano, por ejemplo, rompe el molde, porque él es padre soltero, cuando generalmente es la madre la soltera.
Luciano: (Hace que llora) Soy un perdedor… (ahora con ínfulas) ¡Y me encanta romper el molde! No creo en el ganador, en el hombre perfecto. Si alguien no lo sabía, lo lamento, pero los superhéroes no existen… Todos tenemos nuestros flancos débiles. Yo los tengo y me hago cargo. En la vida, por ejemplo, soy re aburrido.
Carla: Eso es mentira. Es uno de los tipos que más me hacen reír.
–Luciano, ¿cómo es Carla?
Luciano: ¿Yo qué sé…? ¡Qué difícil!
–Suponé que se la presentás a un amigo. Entonces le decís: “Tengo una mina para vos que es…”
Luciano: No, yo no se la presento a nadie. A nadie. Tengo una mina para mí.
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