/ Caras y Caretas, abril 2009 /
–Y eso lo debe de haber vivido hasta llegar a este amor que parece tan ideal.
–En realidad, me olvidé de esa etapa, ya borré todo. A veces encontrarse a uno mismo también es difícil, después ver quién es realmente el otro, y el deseo puede estar puesto en cualquier lado, en cualquier cosa, en cualquiera.
–De todos modos pensar en tener hijos y todo lo demás también implica empezar a pensar en el renunciamiento.
–No sé. Es verdad que si tuviera hijos ahora, sería complicado. Trabajando doce horas diarias a este ritmo, me angustiaría al no poder cumplir con lo que un hijo necesita. Aunque estoy segura de que Julien colaboraría conmigo.
–A lo mejor los franceses son menos machistas que los nativos.
–Y sí, por lo menos él es menos machista.
–De alguna manera, ¿Los exitosos Pells busca satirizar el mundo de los noticieros y a sus conductores?
–Al ser un programa que se exporta a varios países del mundo, tenemos que tratar de buscar lo universal, aunque creo que en casi todos lados pasa lo mismo: el no saber realmente cuál es la realidad o enterarnos de los males cuando ya nos sucedieron. Saber dónde hay pobreza, estar al tanto de la falta de educación, de la falta de posibilidades. Todas esas cosas nos suceden, pero nos enteramos después. Tal vez el noticiero es algo que ya pasó, y entonces se lo ve como un programa más. De todos modos, el nuestro es un programa para divertirse, aunque también sea una muestra muy sutil de lo que realmente pasa.
–¿La saca de quicio la competencia salvaje entre los canales?
–Sí. Los Pells tienen un gran público, una audiencia a la que le gusta ver algo más elaborado. Tiene una realización que para una tira diaria es muy difícil de lograr: hay mucha gente que antes no veía tele, y que ahora mira nuestro programa. Yo creo que es un muy buen producto para comercializar y el rating casi nunca tiene que ver con la calidad.
–¿A veces amanece malhumorada?
–Hoy me levanté a las 6.30 de la mañana, y a esa hora tengo malhumor. Pero la verdad es que la paso muy bien, llego a trabajar y ya estoy contenta. Nunca me imaginé todo esto, que iba a trabajar con alguien como Mike Amigorena, siendo los dos protagonistas, divirtiéndonos, así que se me pasa el mal humor en dos minutos. Nunca me gustó levantarme temprano. Hay gente a la que le encanta, pero a mí no.
–Se ha convertido en la rubia del momento. ¿Cree en la suerte?
–Sí. Creo en algo que se me dio a mí, y siento la obligación de agradecer. Las pocas cosas que pido tienen que ver con salud, o con algo que me importa mucho. Las oraciones que me enseñaron fueron el Padre Nuestro y el Ave María, y las uso como una meditación después de pensar en las cosas que quiero agradecer. Cuando era muy chica y los miedos no me dejaban dormir rezaba al ángel de la guarda y se me iba el miedo.
–Y con su naturaleza volátil, ¿no piensa que la fama es puro cuento?
–Estoy viendo cómo va a ser. Llegué a un lugar en forma bastante inesperada, entonces no puedo sacar conclusiones ya. Estoy transitando un momento de fama, de reconocimiento, y es todo muy bueno. Obviamente hoy soy una protagonista joven, linda, pero todo esto va a ir cambiando inevitablemente. El tiempo sí es para mí como un dios tiránico: no es por la vejez, sino por lo que se lleva, que no tiene que ver con lo que uno ve en el espejo.
–La exportación la convirtió en una figura globalizada.
–Sí, me han globalizado. Y es diferente. internet es algo raro, no me puedo imaginar qué pasa con una chica en Polonia que lo ve por internet. Tampoco es que salgo de viaje y voy saludando gente por los aeropuertos. Ni soy un Rolling Stone, por eso de rodar y rodar. Pero trato de ser lo más representativa de nuestra cultura y de las culturas que puedan llegar a ver un programa como el que nosotros hacemos, conservando el orgullo de ser argentina.
–¿Cuál es el piropo más lindo que le dijeron en la vida?
–No recuerdo uno en especial, siempre me dicen muchas cosas lindas.
Cristina Zuker
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