/ Caras y Caretas, abril 2009 /
–Dos años sola en Nueva York a los 18. Debe de haber sido vertiginoso.
–Fue impresionante, me emocionaba muchísimo, no lo podía creer. Había visto todas las películas de Fred Astaire, me compraba los zapatos de zapateo americano, que acá era muy difícil encontrar porque vendían los de danzas españolas con chapita, y eran muy feos. Entonces tenía todo eso que siempre había soñado: ver mi primera comedia musical, Crazy for you con música de George Gershwin, que me fascinaba. Pero debo reconocer que siempre tuve gran apoyo, además de una gran decisión.
–Pese a que su padre era militar.
–Era rarísimo para él que su hija fuera artista. Pero era la mayor, y habían puesto mucho en mí.
–No es un sector precisamente liberal.
–Encima yo nací en el 74, pero en aquel momento tampoco entendía qué era tener un padre militar. Tardé muchos años en entenderlo.
–¿Alguna vez se sintió aislada?
–Sí. Colegio de monjas, cosas de las que se hablaba y otras que no. Pero bueno, fui descubriendo tanto mi carrera artística como la historia de nuestro país, y creo que eso le pasó a mucha gente de mi edad. En casa se podía hablar, pero sólo lo que un chico podía escuchar. También dependía de uno hasta dónde quería saber. Pero ojalá que todos hayamos aprendido de lo que pasó y de lo que no tiene que pasar nunca más.
–Usted da la imagen de una chica progre, para nada encorsetada por una visión castrense de la vida.
–En mi casa había ciertas libertades. Cada uno hacía lo que quería. Obviamente mis padres deseaban que yo tuviera una buena educación y todas las herramientas para después hacer lo que quisiera. Y les encantaba, pero con ciertos miedos, como a cualquier padre. Pero en mi casa había mucha música, mucho teatro y muchas otras cosas.
–Me llamó la atención que no escuchara a Charly García.
–Y, rock and roll no. En casa se escuchaba folklore, música del litoral. Pero no eran unos padres estrictos, eran muy divertidos, muy libres.
–De todos modos se separaron cuando era adolescente, una etapa difícil.
–Tenía 12 años, y no lo esperaba para nada. Era una época donde todavía no era frecuente ser hija de padres separados, como hoy. En un momento cuestioné a mi madre por la decisión. Desde chica me divertía mucho con mi padre, y como era piloto de avión me la pasaba esperando que volviera.
–¿Por entonces dónde vivía?
–Cuando llegamos de Córdoba, vivimos en San Cristóbal, donde mi abuelo paterno tenía un laboratorio, y hasta alguna vez fantaseé con ser bioquímica, porque tenía algo como de brujería. Después nos fuimos a Barrio Norte, y ahora vivo en Palermo, aunque se está poniendo un poco denso el barrio. Es como vivir en Pinamar en enero.
–O como la Brístol.
–Sí, pero como soy una chica de Barrio Norte digo Pinamar. ¡Ja ja!
–Bueno, ha encontrado el novio adecuado.
–Nunca me lo imaginé.
–Es enamoradiza, se nota en pantalla.
–Sí, me gusta tener con quién compartir. Yo comparto todo con mi familia, con mis amigos, pero me encanta haber encontrado un par que me pueda acompañar.
–Alguna vez dijo que los hombres eran como de otro planeta. ¿Él viene de este?
–A veces no son todas frases mías, a veces una asiente y… Somos distintos, nos entendemos muy bien, pero creo que hombres y mujeres son muy diferentes.
~ 1 ~ 2 ~ 3 ~
|