ENTREVISTAS

/ Gente, 27.01.2009 /

–¿Puntualmente a qué se refiere?
–Yo, a los 15 años, ya daba clases de baile. Con 18 volé a Nueva York y Los Angeles para perfeccionarme. Me contrataron de Feliz domingo y de Dance party (1992), los dos en Canal 9. Miraba a Andrea Del Boca, aunque deseaba convertirme en Ginger Rogers o Debbie Reynolds. Parecía que lo mío era la danza. Hasta que tras varios bolos, en el ’93 conocí a Guerberof, en 1994 me llamaron de Montaña rusa y cambió el viento. Hoy te metés en el buscador Wikipedia, tipeás mi nombre y aparece: “Actriz dramática y cómica argentina”. Se me infla el pecho.

–Explíquenos por qué suspiró cuando nombró a Miguel Guerberof.
–El me enseñó, me dio la confianza para animarme a roles variados y bravos… Lo conocí a mis 19 años, participé en numerosas de sus obras y nunca lo olvidaré. Murió a los 67... Tomo mis elecciones laborales acordándome de él.

–Notable. ¿Y en qué otro aspecto pone énfasis, por ejemplo, al aceptar o no propuestas de la pantalla chica?
–Sé que no siempre formé parte de programas divinos, pero traté. Pacientemente. Así logré encabezar Lalola. Hablo de elegir contenidos respetuosos, mostrar lo necesario. Lo más hot que hice fue una escena con Romina Gaetani en Mujeres asesinas. Pedí que se viera un poco la espalda, un poco de bombacha, pero nada de lolas. En la lista de situaciones que me ponen feliz, el desnudo no figura.

–¿Declara algún complejo físico?
–Declaro mis caderas. Las caderas no mienten. Tengo las curvas de una latina. El problema es que doy escandinava (carcajada). El pantalón de tiro corto me queda… corto. Necesito agregarle un elástico onda cinturón. No importa, así me obligo a poner ropa ultra femenina.

–¿Oyó que se la considera entre las damas mejor vestidas del país?
–Lo leí, lo leí. ¡Gracias! Adoro la ropa. Ojo, no colecciono. Sí zapatillas Adidas, de las que tengo muchísimas. Aunque no decidí probar con una asesora de vestuario, me rodean talentos que me ayudan un toco.

–¡Regálese algún mérito...! Quien va inmersa en su indumentaria debe poseer sus encantos...
–Me gusto. He salido favorecida. Ni siquiera pienso en cirugías. A los 50, quizá lo haga. Seguro, no me tocaría mi cara. Mido 1,69, peso 58 kilos, calzo 39, me mantengo sana, corro, tengo dos hoyitos de varicela entre las cejas, ojos verdes y una linda imagen.

–Mire, los mismos ojos que su novio, Julián Hyvrard (31). ¿Casualidad?
–Divina casualidad... Mi simple, encantador y sorprendente novio. Lo descubrí el 10 de agosto de 2007 y casi desde esa fecha convivimos en el tres ambientes palermitano que me compré a los 23. Nos cruzamos gracias a una persona en común. Lo vi y reaccioné: “¡Epa!”. Acababa de llegar de Francia, enviado como director para Latinoamérica de Renault. No me conocía. Siento que es el hombre de mi vida, algo que jamás antes sentí por un caballero.

–¿Cómo se definiría a una mujer que salió con varios hombres?
–Eeeeh... Si en nuestra sociedad llamamos mujeriego al hombre que salió con varias mujeres, ¿llamaríamos “hombreriera” a la mujer que salió con varios hombres?

–¿Entonces?
–Okay, reconozco que he sido “hombreriera”. Tuve mis noviazgos (risas).

–Sin embargo, parece que apareció “el” hombre, el futuro padre de sus hijos.
–Ojalá. Porque si bien a esta altura no voy a ser como Caroline Ingalls, a un par de niñitos quisiera llegar. Quizá si nace un varón le ponga Miguel, por mi maestro y por Mike (Amigorena).

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